EL GRUPO DE ESCRITORES

EL GRUPO DE ESCRITORES

EL MONTE PARNASO

EL MONTE PARNASO SE ENCUENTRA EN ATENAS, Y SEGUN LA MITOLOGÍA, EN SU LADERA SE REUNÍAN LAS MUSAS.

MARGARITA DEL C. MORALES LO DESCRIBE EN EL SIGUIENTE POEMA:

sábado, 28 de septiembre de 2013

ROBERTO THEMIS SPERONI

A 46 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO
. .
Speroni nació en La Plata el 29 de Septiembre de 1922 y murió en City Bell el 28 de Septiembre de 1967. Fue uno de los cuatro hijos de Roberto José Speroni y Teodolinda Laura Ivaldi. Si bien nació en La Plata, a la temprana edad de seis años sus padres se trasladaron a City Bell, a una casa de la calle Cantilo entre 17 y Sarmiento, en la que el poeta vivió en su infancia. La escuela N° 12 fue en donde Themis Speroni cursó sus estudios primarios en la Escuela No. 12 , donde comenzó a manifestarse su vocación por las letras, heredada de su padre, que era periodista, corresponsal y colaborador de un periódico. El poeta cursó sus estudios secundarios en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, pero abandonó sus estudios para tomar algunas clases en la facultad de Bellas Artes de la ciudad de La Plata, en calidad de oyente, proyecto que también abandonó para dedicarse a trabajar. . Colaboró en diversos diarios y revistas locales y en los principales diarios de la ciudad de Buenos Aires. Fue fundador de "El potro al viento" e integrante del grupo de las "Ediciones del Bosque" junto a María Dhialma Tiberti, Raúl Amaral y otros. Dio conferencias y recitales en el Círculo de Periodistas, en La Prensa e instituciones culturales. Falleció en City Bell, Buenos Aires, el 28 de septiembre de 1967. Entre otras ocupaciones, Roberto Themis Speroni se ganaba la vida trabajando como comerciante en el rubro de la gastronomía (Rotisería), pero, con el correr del tiempo, decidió finalmente dedicarse de lleno a las Letras, su verdadera vocación. Perteneció a la generación del 40 junto a Nestor Mux, Ema de Cartosio, Horacio Castillo, Horacio Ponce de León, Matilde Alba Swan, Norberto Silvetti Paz, Aurora Venturini, Gustavo García Saravi y otros poetas platenses que siguieron la trayectoria lírica de Francisco López Merino. Los grandes temas en la poesía de Speroni son: la Muerte, la Tierra, la Casa, el Amor, la Amistad, el Hombre y Dios en la figura del crucificado. Speroni se presenta a sí mismo diciendo: Nació en La Plata, murió repetidas veces en cualquier lugar, no se arrodilló ante nadie, salvo ante el amor y la tragedia. Fue un dado ciego en un cubilete de hierro; un perro en soledad, una campana orgullosa y ronca; un hombre que por mirar cada muerte en las estrellas, se olvidó de los chacales, de las cucarachas, y en cierta medida de Maldoror, donde una tarde de agosto, sangró su corazón. Y añade a manera de epitafio: No hagan con mi perfil una medalla; levanten en mi llaga una arboleda, construyan, donde mi hueso queda un campo de silencio o de batalla. Obras publicadas Poesía • Habitante Único (1945), • Gavilla de Tiempo (1948), • Tentativa en la Luz (1951) • El Tatuaje en el viento (1959), • Padre Final (1964), • El poeta en el hueso del invierno • Paciencia por la muerte • "A la Paloma Que Maté de Niño" Prosa • El antiguo valle Referencias • González Castro en El Hogar • Horacio Rega Molina en El Mundo • Murphy, H.R. Molina, Jaime Sureda. • Cócaro, Nicolás, Provincias y Poesía, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Educación y Justicia, 1961. • Saraví Cisneros, Roberto, Primera Antología Poética Platense, Buenos Aires, Ediciones Antonio Zamora, 1956. Fuente: Francisco Acuyo Y Wikipedia

domingo, 21 de julio de 2013

BENITO LYNCH

A 133 AÑOS DE SU NACIMIENTO
 (25 de julio de 1880)

Aunque Benito Eduardo Lynch nació porteño (posiblemente en la casa de sus abuelos paternos en Arenales 284), y vivió entre 1885/1890 una niñez campera que lo marcaría, en “El Deseado” (vecindades de Urdampilleta), actual partido de Bolivar, la radicación en 1890 de su familia en la Ciudad de La Plata, hace que pueda considerárselo un platense consuetudinario y asegurarse sin temor al equívoco, que fue un platense de pura cepa y de cabo a rabo, como que en la Capital provincial transcurrió su vida por más de medio siglo y en ella desarrolló la totalidad de su obra. Para ubicar exactamente su corta vida rural, tengamos en cuenta que en junio de 1873 y justamente en San Carlos de Bolivar comienza a apagarse “la estrella” de Cafulcurá, y que recién en 1879 se tranquilizará la frontera interior. En aquellos campos vírgenes, a partir de los 5 años de edad pobló sus ojos de imágenes imborrables el pequeño Benito. Hasta 1893 visitaría la posesión paterna en época veraniega, del mismo modo que en 1896 visita la estancia materna “El Talar”, proximidades de Fray Bentos, República Oriental del Uruguay. A pesar de su vida social urbana, por mucho tiempo no cortaría sus vínculos con el campo, como que entre 1898 y 1908, mantuvo periódicos contactos con las estancias “Barrancas Coloradas”, “Santa Catalina”, “La Quinua” (en Gral. Guido), “Las Víboras” (en Dolores) y “La Clarita” (en Tornquist), contactos que fueron un constante abrevar en la realidad campera de entonces, de allí el tono veraz que permanentemente transmiten sus descripciones de la estancia de fines del Siglo XIX y principios del XX, cuando el campo ya se ha alambrado y cuando el gaucho libre a ultranza ha trocado en el paisano que es peón asalariado. Anecdóticamente, sin afirmarlo, mencionamos que en el decir de Petit de Murat, tenía un “campito en Magdalena”. Respecto de su nacimiento porteño que alguna vez -hace siete lustros- fue puesto en dudas, atribuyéndosele nacencia uruguaya (donde residían sus abuelos maternos), ocurrió el 25 de julio de 1880 y ha quedado claramente demostrado por Estanislao de Urraza en el Diario “El Día” (donde por 20 años trabajara Benito), en un extenso artículo aparecido el 19/11/1964 y luego incluido en su libro “La Plata Ciudad de Mayo”. Demuestra el autor tras la inspección ‘in situ’ de los papeles que despertaron la controversia, que dicha partida alude al hijo primigenio de los cónyuges Beaulieu-Lynch (Elgardo, fallecido precozmente), siendo Benito Eduardo el cuarto de los doce hijos del prolífico matrimonio, por lo que no corresponde a un “evidente error ortográfico” como supone Estela Dos Santos en el fascículo número 38 de la Colección Capítulo, de mayo de 1968. Había sido Susana Clauso Royo quien por vez primera divulgara ese presunto origen desde las páginas de “La Prensa”, dos años antes. En su estada en Uruguay, de Urraza se puso en contacto con las hermanas Bernabela y Catalina (la primera nacida en Bolivar, platense la segunda), que sobrevivieron al escritor y se habían radicado en la heredad materna de “El Talar” (Dpto. de Río Negro, Fray Bentos); dice el investigador que “Fue para ellas una verdadera sorpresa que estuviera en discusión la nacionalidad de su hermano Benito; más aun, les pareció una aberración y me afirmaron que nunca habían oído tal cosa en el seno de su hogar.” Valga apuntar una curiosidad respecto de los hijos varones del matrimonio Lynch: descartando el primer hijo, Elgardo, que como dijimos falleció a poco de nacer, Benito Eduardo sería el mayor, y a partir de él, todos llevarían “Benito” como segundo nombre, a saber, Leopoldo Benito, Tomás Benito, Roberto Benito, Armando Benito y Mariano Benito. Quizás como un exagerado sello paterno, quien tenía por tal su nombre, hombre de fuerte personalidad, algo autoritario y muy celoso. Benito escritor, es el pintor descriptivo y el intérprete filosófico del cambio que sufre la vida rural con la transición de la antigua estancia criolla, a la modernización y la influencia inmigratoria, en la explotación del campo. Su vida literaria se inicia en 1904, cuando desde las páginas de “El Día” -al que había ingresado un tiempo antes como cronista social-, publica sus “Cuadritos Domésticos”, los que firmaba con seudónimo, y no eran de temática rural. Tampoco será completamente campera su primera novela “Plata Dorada”, pero si lo será la segunda que también le traerá la consagración y el elogio de sus pares: “Los Caranchos de La Florida”, de 1916. Tenía 36 años. 15 son sus libros publicados y más de 110 los cuentos dispersos en diarios y revistas; también dos obras de teatro y un argumento de cine aun inédito, al igual que un par de novelas y una media docena de cuentos, todo sin publicar. Es opinión personal, que con la literatura de Lynch, la narrativa gauchesca logra su más alta cumbre, superando incluso a otros autores que han tenido más prensa. Dentro de las varias rarezas de su vida, está la de haberse apartado de la escritura y la publicación a partir de enero de 1941, cuando “La Nación” publica su cuento “Medallas de Oro”; antes, en 1933 había aparecido en forma de libro su última novela “El Romance de un Gaucho”, difícil ejercicio literario ya que se encuentra íntegramente escrito en lengua gaucha. Circunstancia ésta que hizo a muchos críticos tildar la obra de pesada, extensa y recargada por su lenguaje, pero es sin duda -en mi modesta opinión-, el momento más completo y brillante en su obra, ya que el uso del recurso aludido está reservado exclusivamente, a quienes mucho conocen del tema, como era su caso: el de un agudo observador del medio que describe y da vida. Me tranquiliza descubrir que Petit de Murat opinase que con el mismo “Lynch escribe su mejor novela. Antes de despedirlo humaniza el arquetipo. Estos gauchos, realmente los últimos, parecen también los más verdaderos desde el punto de vista de una concepción netamente realista.”, y que Anderson Imbert dijese que así “cerraría su carrera con una extraordinaria hazaña estilística” y tilda al lenguaje de “expresivamente artístico”. Respecto de su voluntario ostracismo literario, arriesgamos una opinión: dado lo austero de su forma de ser, su personalidad retraída y poco dada al público y admiradores, es muy posible que la dura crítica de sus contemporáneos haya provocado en él un rechazo que lo llevó a clausurar su necesidad de publicar, actitud que puede haberse visto aumentada tras el fallecimiento de su madre, Doña Juana, acaecido en noviembre de 1937. A ciencia cierta, no hay o no se conoce, un elemento que justifique su retiro de los medios gráficos, a los que fue tan dado por espacio de casi cuatro décadas. Lo que no abandonó fue la escritura, ya que los trabajos inéditos que dejó indicarían que continuó creando. Llama la atención ver que críticos y comentaristas de su obra -contemporáneos y posteriores-, opinan que adhirió a la corriente naturalista, que debió profundizar más en los aspectos sicológicos de determinados personajes, que éste o aquel párrafo es reiterativo, que la extensión de tal obra es excesiva; pero lo que la mayoría no ve, por desconocimiento o por negligencia, es el profundo conocimiento que tiene Lynch de la vida gaucha o cuasi gaucha, de su lenguaje oral, de sus usos, costumbres y modismos, de sus trabajos, y es en base a esto que entreteje el sólido andamiaje en que se sostiene su obra. Si sus cuentos y novelas tienen una historia que atrapa al lector, siendo que la mayor parte de su obra es de ambiente rural, gran mérito reside en el verismo que transmiten la ambientación de sus situaciones, ya que por su gran conocimiento del medio, sus recreaciones de la vida de la vieja estancia son inobjetables y el modo en que se desenvuelven sus paisanos, acertadamente natural. Benito, más allá de que practique esgrima y boxeo, que frecuente el Jockey Club y que juegue a la bocheta, o de que concurra asiduamente al cine, es un gaucho de espíritu, un enamorado de la libertad de esos campos que conoció en la niñez y lo marcó indeleblemente, amor que sin duda ha ido creciendo proporcionalmente al paso del tiempo. Otro gran conocedor de la vida y el medio rural, Miguel D. Etchebarne, ha sabido observar: “Benito Lynch ha asistido a la tragedia de la desaparición del gaucho y ha puesto lo mejor de su talento en retener en el cuadro de su novela esta romántica figura. Fácil es suponer el dolor que sentiría Lynch al ver que sus gauchos boleadores de avestruces, castos y sufridos, algunos de los cuales nunca se cortaron el pelo ni la barba, eran suplantados por gallegos y turcos. Lynch quiere y admira a los hijos de la pampa. En el gaucho de Buenos Aires, generoso y valiente, indomable como descendiente de tribus guerreras, ve él pasta de héroe. ‘La humildad -me dijo- será de otros, no de los gauchos de la provincia de Buenos Aires.’” Digamos que en 1994 debe haberse hecho la última edición de una obra suya: “1932”, una verdadera rareza ya que es un cuento de ficción publicado en “El Día” en 1907, en el cual el personaje ve desde una aeronave como ha crecido la Ciudad de La Plata al cumplir 50 años, precisamente, en 1932. Este libro, en edición no comercial, fue editado por la Universidad Nacional de La Plata y está firmado con el seudónimo de E. Thynón Lebíc, un anagrama de su nombre, tras el que se escudó en sus primeros escritos. Aquejado por una dolorosa enfermedad, Benito Lynch falleció en el Instituto Médico Platense, el 23 de diciembre de 1951, a los 71 años de edad, y sus restos fueron trasladados a la bóveda de la Familia Andrade, en Buenos Aires. Lástima grande que no descanse en el Cementerio de La Plata. Poco queda en la ciudad que dio marco a su vida, que lo recuerde, sólo un par de placas (que pasan desapercibidas) en el frente del edificio que ocupa el solar de su vivienda en Diagonal 77 Nº 734; el “Rincón del Novelista” en el parque Saavedra, erigido con el portón y la puerta que hicieran el frente de su casa; y el jacarandá histórico que ocupa la plazoleta de Dg. 77, 8 y 43, frente justo al que fuera su domicilio. Ni si quiera se lo menciona en el pretencioso libro que editara la Municipalidad en 1999. ¡Imperdonable omisión! Si lo evocan un par de escuelas, y el Ateneo Literario que perpetúa su nombre. Siendo Guillermo Pilía, Director de Museos, Monumentos y Sitios Históricos de la Provincia (1991), se le erigió a Lynch un monumento en Bolivar, pero falta uno que lo recuerde en La Plata, no sólo como uno de los grandes narradores nacionales del Siglo XX, sino también como uno de los ciudadanos ilustres de nuestra querida ciudad. Y aún estamos a tiempo de salvar la falta. Ahora bien... como era Lynch? Despeja este interrogante la descripción que nos brinda Manuel Gálvez: “Benito era alto, flaco, todo huesos y ángulos. Rostro largo y con alguna arruga, nariz corva, facciones finas, expresión viva. Buen mozo. Tipo muy viril. Ojos grandes, de mirada cordial y un tanto pícara. Tenía en su figura algo de quijotesco: luengos brazos, aire de hidalgo, cuerpo erguido, rostro enjuto. Me recibió muy sonriente y con los brazos abiertos. No era, sin embargo, expansivo: en esto como en todo tenía el sentido de la medida. Muy distinguido, con algo de gran señor, hablaba pulcramente, sin criolladas ni chabacanerías (...) Entre los escritores argentinos, escasos hubo tan caballeros como Lynch. Inclusive sentía exageradamente el prurito del honor, frecuente en los españoles. La franqueza fue una de sus virtudes y también la lealtad.”. Reafirmando lo dicho en cuanto a su forma de ser, Petit de Murat referencia que el crítico chileno Torres Rioseco lo describió “sencillo como una corriente de agua clara, cordial como un vino generoso.” 

Por Carlos Risso

lunes, 24 de junio de 2013

ALFREDO LE PERA

Ha sido sin ningún margen de dudas, uno de los mejores poetas románticos que diera el tango. Su impronta está marcada en la belleza insuperable de sus composiciones.
 Le Pera le dio a la poesía del tango la universalidad necesaria para que pudiera ser entendido por todos los públicos del mundo, sin perder la esencia porteña, ya que en cada una de sus obras está presente el sentimiento genuino de nuestra canción.
Sus padres fueron Alfonso Francisco de Paula Le Pera y su madre María Sorrentino Moreno. Su padre era de Cosenza (Calabria) y su madre de origen napolitano.
En 1898 se radicaron en Buenos Aires, para establecer un negocio de venta de aceite italiano. Se domiciliaron en Rodríguez Peña 373.
El matrimonio Le Pera tuvo un hijo que murió al poco tiempo de nacer. En el año 1900 se trasladaron por cuestiones comerciales a Río de Janeiro, y luego se alojaron en San Pablo. Al emprender el viaje Doña María, estaba embarazada y en la ciudad de San Pablo, dio a luz a su hijo Alfredo. A los dos meses retornaron a Buenos Aires donde lo inscribieron civilmente.
El pequeño Alfredo realizó su ciclo de escuela primaria en el colegio Gervasio Posadas, sito en las calles San Juan y Pichincha. Al concluir la primaria, pasó el bachillerato en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia. Cursando el bachillerato, Alfredo escribió una monografía sobre literatura española de cuarenta páginas. El profesor de la materia era Don Vicente Martínez Cuitiño, quedando gratamente sorprendido por la calidad del trabajo de su alumno. Fue Don Vicente, quien vinculó a Alfredo con los círculos literarios de la época, ya que por su intermedio el joven conoció nada menos que a José Ingenieros, a Alberto Vacarezza y al poeta y periodista libertario, José De Maturana, entre otros reconocidos hombres de letras. Le Pera también cursó estudios de piano en el conservatorio “La Salvia”, sito en San Juan y Jujuy, con el profesor Alfredo de María, llegando a leer el pentagrama correctamente y ejecutar con buen gusto algunas canciones de época.
Alfredo estudió las materias teóricas en medicina para darle el gusto a sus padres, pero abandonó en cuarto año, para dedicarse de lleno al periodismo teatral.
Más tarde, trabajaría en otras redacciones como el diario “La Acción” y posteriormente: “Noticias Gráficas” y “El Telégrafo”.
Desde 1923 aproximadamente, fue asistente de la compañía de los Podestá, en una gira por el interior del país Entre los actores de la compañía del Sarmiento estaban, Enrique Santos Discépolo (con quien lograra una buena relación), Bertha, -quien luego sería la esposa de Sofovich-, la vedette Carmen Lamas, -quien tuviera un romance pasajero con Alfredo- y entre las bailarinas, Aida Martínez, quien sería para siempre el amor de su vida.
Hacia mediados de la década del veinte, Le Pera era ya un conocido periodista, temido en el medio revisteril por sus acostumbrados brulotes (criticas despiadadas y con humor muy ácido contra los artistas). Siempre se ha comentado, que en los años veinte, se había ensañado contra Gardel y que éste había ido a increparlo al periódico.
Le Pera dominaba varios idiomas: al italiano madre y al español aporteñado que aprendió naturalmente, Le Pera sumó estudios de inglés y de francés en la escuela nacional y con el tiempo, aprendió algo de alemán, lo que le permitió dedicarse a traducir películas en Europa para varios países, tarea que como se ve, empezó en Buenos Aires con las cintas mudas y las primeras sonoras hacia 1929.
Varios literatos que lo trataron, afirmaron que Le Pera leía en todos estos idiomas y que tenia miles de libros en su domicilio de la calle Corrientes. Mientras tanto, en el período 1927-1930, Alfredo no dejó sus tareas en los diarios ni tampoco en los escenarios, ya que desde su primera obra la cual Discépolo compuso la música: “Carillón de la merced”. 
Nació la vinculación de Le Pera con el actor Pedro Quartucci, recién llegado de Europa, quien le habría exigido explicaciones al crítico. De ese encuentro, surgió una cordial relación que culminó con la dirección de Le Pera de la compañía del Teatro Cómico, que capitaneaba el actor y deportista, para una gira por Montevideo. Esta fue la primera oportunidad que tuvo Le Pera para dirigir una compañía en pleno. Le Pera se especializó en la novela y el cine policial, que formará parte de varias tramas en las películas de Gardel. 
 En enero de 1932, Gardel se encontraba trabajando en Londres. Le Pera trabajaba allí como cronista y además se había vinculado afectivamente con una bailarina inglesa, Para los meses de abril y mayo de 1932, Gardel y Le Pera volvieron a reencontrarse en París. En esta estadia parisina, Guibourg citó al cantor y al poeta en el “Café Rochefoucauld” y a partir de allí, tomaron el compromiso de trabajar juntos

Tragedia y fallecimiento

Al regersar de una gira a Colombia, Alfredo Le Pera, al igual que Carlos Gardel, Guillermo Barbieri y Riverol murieron carbonizados en el mismo accidente aéreo que les costo la vida.
Fallecio en Medellín, Colombia, el 24 de junio de 1935, luego de que la avioneta, supuestamente por exceso de equipaje, se estrellara con otra avioneta apenas despegara. José María Aguilar, sobrevivió a la tragedia aunque quedo desfigurado y con serias quemaduras en sus manos

La colisión

Eran aproximadamente las 15 horas de ese día cuando el F-31 carreteó hasta la cabecera sur del aeródromo, hizo una prueba con los motores e inició la carrera de despegue que, al comienzo, fue normal, pero luego la aeronave desvió su trayectoria en forma brusca a la derecha y chocó con el Manizales, que esperaba a un costado de la pista, aproximadamente a 75 metros del eje de ésta, ocasionando el incendio total de las dos aeronaves.

Poemas

Amargura (Tango)
Amores de estudiante (Vals)
Apure delantero buey (Canción)
Arrabal amargo (Tango)
Caminito soleado (Canción)
Carillón de La Merced (Tango)
Criollita de mis amores (Zamba)
Criollita, decí que sí (Canción)
Cuando tú no estás (Canción)
Cuesta abajo (Tango)
El día que me quieras (Canción)
En los campos en flor (Zamba)
Estudiante (Tango)
Evocación (Tango)
Golondrinas (Tango)
Guitarra, guitarra mía (Estilo)
Lejana tierra mía (Canción)
Los ojos de mi moza (Jota)
Mañanita de sol (Tonada campera)
Me da pena confesarlo (Tango)
Melodía de arrabal (Tango)
Mi Buenos Aires querido (Tango)
Por tus ojos negros (Rumba)
Por una cabeza (Tango)
Recuerdo malevo (Tango)
Rubias de New York (Foxtrot)
Silencio (Tango)
Sol tropical (Rumba)
Soledad (Tango)
Suerte negra (Vals)
Sus ojos se cerraron (Tango)
Viejos tiempos (Tango)
Volver (Tango)
Volvió una noche (Tango)

Fuente:
“Alfredo Le Pera el gran literato del tango” por Pablo y Carlos Taboada http://www.investigaciontango.com/inicio/index.php?option=com_content&view=article&id=144:guillermo-d-barbieri&catid=35:carlos-gardel&Itemid=55↑ http://www.buenosairesantiguo.com.ar/carlosgardel7barbieri.html “Accidente aéreo de Medellín del 24 de junio de 1935” Wikipedia

viernes, 14 de junio de 2013

LEOPOLDO LUGONES

Nació en Villa María del Río Seco, Argentina, el 13 de junio de 1874 -
Poeta argentino. Hombre de vasta cultura, fue el máximo exponente del modernismo argentino y una de las figuras más influyentes de la literatura iberoamericana. Pasó la niñez y la adolescencia en su tierra natal, y tras breve temporada en Santiago del Estero, se estableció en Buenos Aires en 1895.
Trabajó en el diario El Tiempo y en 1897 fundó, con José Ingenieros, La Montaña, periódico socialista revolucionario. Tras algunos empleos menores, llegó a la dirección de la Biblioteca Nacional de Maestros. Hizo varios viajes a Europa y residió en París de 1911 a 1914. Colaboró en La Nación y obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1926.
En 1928 fundó la Sociedad Argentina de Escritores.
Su apoyo al golpe de Estado de 1930, la posterior desilusión que éste le produjo y quizás una profunda crisis sentimental lo llevaron a una depresión que culminó en su suicidio.
Es de destacar su particular evolución política. Se inició como un firme partidario de la ideología socialista, cuya introducción en Argentina se debe, en parte, a sus primeras soflamas políticas. Sin embargo, poco a poco fue retrocediendo hacia posturas más conservadoras: tras un breve período de adscripción al pensamiento liberal, se inclinó decididamente hacia la derecha y acabó convertido en uno de los principales valedores del fascismo argentino, sobre todo a partir de 1924, fecha en la que proclamó que había llegado "la hora de la espada". Seis años después, ya consagrado como una de las cabezas pensantes del movimiento reaccionario austral, colaboró activamente con el golpe de estado militar del general José Félix Uriburu (6 de septiembre de 1930).
Como poeta, Leopoldo Lugones irrumpió en el panorama literario argentino con el poemario Los mundos (1893), que pasó prácticamente inadvertido. Su encuentro con Rubén Darío, en Buenos Aires, en 1896, fue decisivo para reorientar la poesía de Lugones. El retoricismo de Las montañas de oro (1897) no tardó en ser sustituido por el tono irónico, extravagante e imaginativo de Los crepúsculos del jardín (1905) y Lunario sentimental (1909). En ambos libros se respira una atmósfera refinada y decadente, plena de languidez y elegancia modernistas, dentro de una corriente estética claramente influida por la creación de Rubén Darío. Su estilo se distingue por su originalidad creadora, y la precisión y la belleza lírica de sus versos.
A partir de 1910 Leopoldo Lugones cambió de registro poético para centrarse en una exaltación de su tierra y sus gentes (Odas seculares, 1910). Posteriormente, los asuntos cotidianos, vistos al trasluz de una rutina íntima, se convirtieron en el objeto de su siguiente entrega poética, titulada El libro fiel (1912), obra a la que siguieron otros poemarios como El libro de los paisajes (1917), Las horas doradas (1922) y Romancero (1924).
Al final de su trayectoria poética, Lugones se decantó por el cultivo de una poesía narrativa: Poemas solariegos (1927) y Romances del Río Seco (que vio la luz, póstumamente, en 1938). En su faceta de narrador, Lugones sobresalió principalmente por sus relatos, recogidos en Las fuerzas extrañas (1906), La torre de Casandra (1919), Cuentos fatales (1924) y La patria fuerte (1933). En muchas de estas narraciones breves, Lugones ensayó diferentes acercamientos fantásticos que pueden considerarse precursores de los mejores relatos de algunos de los más grandes cultivadores de este difícil género, como Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges (uno de los mayores admiradores de Lugones) y Julio Cortázar. Publicó además dos novelas espléndidas: un relato histórico sobre la guerra de la independencia, titulado La guerra gaucha (1905), y unas meditaciones esotéricas que, en forma de novela teosófica, aparecieron bajo el título de El ángel de la sombra (1926). En la década de los años cuarenta, La guerra gaucha fue objeto de una versión cinematográfica que se convirtió en uno de los principales referentes del cine argentino de su tiempo.
También brilló Leopoldo Lugones en su condición de ensayista, faceta en la que dejó algunos títulos tan relevantes como El imperio jesuítico (1904), Las limaduras de Hephaestos (1910) e Historia de Sarmiento (1911). Las conferencias sobre el Martín Fierro de José Hernández, obra que leyó como poema épico, reunidas en El payador (1916), constituyen sin duda un hito en la interpretación de la literatura gauchesca. Además, dejó testimonio impreso de las constantes mutaciones de su pensamiento político, plasmadas en "Mi beligerancia y La grande Argentina".
Se suicida en El tigre, movido por una crisis sentimental el 18 de febrero de 1938

Fuente: Biografías y vidas

viernes, 7 de junio de 2013

FEDERICO GARCÍA LORCA

Poeta y dramaturgo español Nació el 5 de Junio en Fuente Vaqueros, España, en 1898.
Los primeros años de la infancia de Federico García Lorca transcurrieron en el ambiente rural de su pequeño pueblo granadino, para después ir a estudiar a un colegio de Almería. Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo amistad con Manuel de Falla, quien ejerció una gran influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular.
A partir de 1919, se instaló en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Juan Ramón Jiménez y a Machado, y trabó amistad con poetas de su generación y artistas como Buñuel o Dalí. En este ambiente, Lorca se dedicó con pasión no sólo a la poesía, sino también a la música y el dibujo, y empezó a interesarse por el teatro. Sin embargo, su primera pieza teatral, El maleficio de la mariposa, fue un fracaso. En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención. Sin embargo, el reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la publicación, en 1927, de Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y continuadas representaciones en Madrid de Mariana Pineda, drama patriótico. Entre 1921 y 1924, al mismo tiempo que trabajaba en Canciones, escribió una obra basada en el folclore andaluz, el Poema del cante jondo (publicado en 1931), un libro ya más unitario y madurado, con el que experimentaría por primera vez lo que será un rasgo característico de su poética: la identificación con lo popular y su posterior estilización culta, y que llevó a su plena madurez con el Romancero gitano (1928), que obtuvo un éxito inmediato. En él se funden lo popular y lo culto para cantar al pueblo de los gitanos perseguidos, personajes marginales marcados por un trágico destino. Formalmente, Lorca consiguió un lenguaje personal, inconfundible, que reside en la asimilación de elementos y formas populares combinados con audaces metáforas, y con una estilización propia de las formas de poesía pura con que se etiquetó a su generación.

PRECIOSA Y EL AIRE

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

Su luna depergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
 con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.
Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

 Tras este éxito, Lorca viajó a Nueva York, ciudad en la que residió como becario durante el curso 1929-1930. Las impresiones que la ciudad imprimió en su ánimo se materializaron en Poeta en Nueva York (publicada póstumamente en 1940), un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y mecanizada de hoy. Las formas tradicionales y populares de sus anteriores obras dejan paso en esta otra a visiones apocalípticas, hechas de imágenes ilógicas y oníricas, que entroncan con la corriente surrealista francesa, aunque siempre dentro de la poética personal de Lorca:

El vals de las ramas

Cayó una hoja
y dos
y tres.

Por la luna nadaba un pez.
El agua duerme una hora
y el mar blanco duerme cien.
La dama
estaba muerta en la rama.
La monja
cantaba dentro de la toronja.
La niña
iba por el pino a la piña.
y el pino
buscaba la plumilla del trino.
Pero el ruiseñor
lloraba sus heridas alrededor.
Y yo también
porque cayó una hoja
y dos
y tres.
Y una cabeza de cristal
y un violín de papel
 y la nieve podría con el mundo
si la nieve durmiera un mes,
y las ramas lucharan con el mundo
una a una,
dos a dos,
y tres a tres.

¡Oh duro marfil de carnes invisibles!
¡Oh golfo sin hormigas del amanecer!
Con el muuu de las ramas,
con el ay de las damas,
con el croo de las ranas,
y el gloo amarillo de la miel.
 Llegará un torso de sombra
coronado de laurel.
Será el cielo para el viento
duro como una pared
y las ramas desgajadas
se irán bailando con él.
Una a una
alrededor de la luna,
dos a dos
alrededor del sol,
y tres a tres
para que los marfiles
se duerman bien.

De nuevo en España, en 1932 Federico García Lorca fue nombrado director de La Barraca, compañía de teatro universitario que se proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro. Su interés por el teatro, tanto en su vertiente creativa como de difusión, responde a una progresiva evolución hacia lo colectivo y un afán por llegar de la forma más directa posible al pueblo. Así, los últimos años de su vida los consagró al teatro, a excepción de dos libros de poesía: Diván del Tamarit, conjunto de poemas inspirados en la poesía arabigoandaluza, y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1936), hermosa elegía dedicada a su amigo torero, donde combina el tono popular con imágenes de filiación surrealista. Las últimas obras de Federico García Lorca son piezas teatrales. Yerma (1934) es una verdadera tragedia al modo clásico, incluido el coro de lavanderas, con su corifeo que dialoga con la protagonista comentando la acción. Parecido es el asunto en Bodas de Sangre (1933), donde un suceso real inspiró el drama de una novia que huye tras su boda con un antiguo novio (Leonardo). La huida, llena de premoniciones, en la que la propia muerte aparece como personaje, presagia un final al que se viene aludiendo desde la primera escena y en el que ambos hombres se matarán, segando así la posibilidad de continuidad de la estirpe por ambas ramas y renovando la muerte del padre del novio a manos de la familia de Leonardo. De esta manera, la pasión y la autobúsqueda concluyen con la destrucción de todo el orden establecido. Entre toda ellas destaca La Casa de Bernarda Alba (1936), donde la pasión por la vida de la joven Adela, encerrada en su casa junto con sus hermanas a causa del luto de su padre y oprimida bajo el yugo de una madre tiránica, se rebelará sin temor a las últimas consecuencias. De esta manera, su pasión por la vida se estrellará contra el muro de incomprensión de su familia concluyendo todo con su eliminación. Junto con la figura de la protagonista, destaca la serie de retratos femeninos que realiza el autor, desde la propia Bernarda hasta la vieja criada confidente de todas (La Poncia), la hermana amargada y envidiosa (Martirio) o la abuela enloquecida que se opone a la tiranía de Bernarda. La casa de Bernarda Alba, considerada su obra maestra, fue también la última, ya que ese mismo año, al estallar la guerra civil, fue detenido por las fuerzas franquistas el 9 de agosto de 1936 y fusilado diez días más tarde, en Viznar, bajo acusaciones poco claras que señalaban hacia su papel de poeta y librepensador, como un personaje susceptible de alterar el «orden social».

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcia_lorca.htm http://www.poesi.as/index201.htm http://www.poemas-del-alma.com/vals-en-las-ramas.htm

viernes, 17 de mayo de 2013

FRANCISCO LÓPEZ LERINO

A 85 años de su muerte

Jorge Luis Borges era muy amigo del poeta platense Francisco López Merino, con quien se reunía con frecuencia en el Café "El Rayo" ubicado en la esquina de 1 y 44. Esto sucedía entre los años 1925 y 1928, cuando conjuntamente con otros escritores divulgaban aquí la llamada "Revista Oral". 
 También el amor de Borges por una mujer lo hacía viajar a La Plata con frecuencia, cuando visitaba a Elsa Astete Millán, que vivía en diagonal 80 esquina 4, y con quien se casaría 50 años después de conocerla, luego de que ella enviudara.
En esta misma ciudad el escritor dio su primera conferencia venciendo sus dificultades de hablar en público.
En el libro de María Esther Vázquez "Borges, Esplendor y Derrota" se ve una imagen fechada en 1928 que muestra al escritor junto a López Merino, sentados en un banco del zoológico de Buenos Aires. Al pie de la foto se indica que dos días más tarde de tomada esa imagen, López Merino se suicidaba en un baño del Jockey Club, a los 24 años. 

Efectivamente, Borges y López Merino fueron íntimos amigos. Francisco no había muerto joven, había decidido morir joven. 
 Según diría María Kodama, en un acto de reconocimiento al poeta platense: 
"Borges había quedado muy impactado con el suicidio de López Merino y se preguntaba, qué había podido llevarlo a tomar esa decisión, siendo tan joven y un escritor que comenzaba a ser reconocido. 
 De las páginas de "Cuaderno San Martín", el tercer libro de Jorge Luis Borges (1929): 

A Francisco López Merino 

 Si te cubriste, por deliberada mano, de muerte, 
 si tu voluntad fue rehusar todas las mañanas del mundo, 
 es inútil que palabras rechazadas te soliciten, 
 predestinadas a imposibilidad y derrota. 

 Sólo nos queda entonces 
 decir el deshonor de las rosas que no supieron demorarte, 
 el oprobio del día que te permitió el balazo y el fin.

 ¿Qué sabrá oponer nuestra voz 
 a lo confirmado por la disolución, la lágrima, el mármol?
 Pero hay ternuras que por ninguna muerte son menos: 
 las íntimas, indescifrables noticias que nos cuenta la música,
 la patria que condesciende a higueras y aljibe, 
 la gravitación del amor, que nos justifica. 

 Pienso en ellas y pienso también, amigo escondido, 
 que tal vez a imagen de la predilección, obramos la muerte, 
 que la supiste de campanas, niña y graciosa, 
 hermana de tu aplicada letra de colegial, 
 y que hubieras querido distraerte en ellas como en un sueño. 

 Si esto es verdad y si cuando el tiempo nos deja, 
 nos queda un sedimento de eternidad, un gusto del mundo,
 entonces es ligera tu muerte, 
 como los versos en que siempre estás esperándonos, 
 entonces no profanarán tu tiniebla 
 estas amistades que invocan. 


 El impacto que ocasionó en Borges la muerte de su amigo puede evidenciarse en otro increíble poema publicado en "Elogio de la sombra" (1969). porque la cita es más sutil, menos perceptible que en el indudable "A Francisco López Merino". 

 Mayo 20, 1928

 Ahora es invulnerable como los dioses. 
 Nada en la tierra puede herirlo,
ni el desamor de una mujer, 
 ni la tisis, ni las ansiedades del verso,
ni esa cosa blanca, la luna,
que ya no tiene que fijar en palabras. 
 Camina lentamente bajo los tilos; 
mira las balaustradas y las puertas,
no para recordarlas. 
 Ya sabe cuantas noches y cuantas mañanas le faltan. 
 Su voluntad le ha impuesto una disciplina precisa. 
Hará determinados actos,
cruzará previstas esquinas, 
tocará un árbol o una reja,
para que el porvenir sea tan irrevocable como el pasado.
 Obra de esa manera para que el hecho que desea y que teme 
no sea otra cosa que el término final de una serie. 
 Camina por la calle 49; piensa que nunca atravesará tal o cual zaguán lateral. 
 Sin que lo sospecharan, se ha despedido ya de muchos amigos.
 Piensa lo que nunca sabrá;
si el día siguiente será un día de lluvia.
 Se cruza con un conocido y le hace una broma.
Sabe que este episodio 
será, durante algún tiempo, una anécdota. 
 Ahora es invulnerable como los muertos. 
 En la hora fijada, subirá por unos escalones de mármol. (Esto perdurará en la memoria de otros). 
 Bajará al lavatorio; en el piso ajedrezado el agua borrará muy pronto la sangre. El espejo lo aguarda. 
 Se alisará el pelo, se ajustará el nudo de la corbata 
(siempre fue un poco dandy, como cuadra a un joven poeta) 
y tratará de imaginar que el otro, 
el de cristal, ejecuta los actos y que él, su doble, los repite.
La mano no le temblará cuando ocurra el último.
 Dócilmente, mágicamente, ya habrá 
apoyado el arma contra la sien. 
 Así, lo creo, sucedieron las cosas.


Fuente:   Internet
             "El cuaderno San Martín" de J. L: Borges
             "El elogió de la sombra" de J.L. Borges

jueves, 2 de mayo de 2013

ALEJANDRA PIZARNIK

A 77 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Alejandra Pizarnik Nació en Buenos Aires, el 29 de Abril de 1936, en una familia de inmigrantes de europa oriental. Alejandra fue la hija de Elías Pizarnik y de Rosa Bromiker, ambos judíos rusos. Creció en un barrio de Avellaneda. Su infancia fue muy complicada. Hablaba el español con marcado acento europeo y tartamudeaba. Tenía graves problemas de acné y una marcada tendencia a subir de peso. Estas eventualidades minaban seriamente su autoestima. La autopercepción de su cuerpo y su continua comparación con su hermana la complicaron de manera obsesiva. Es posible que comenzara por esta razón a ingerir anfetaminas -por las que pronto desarrolló una fuerte adicción-, que le provocaban prolongados períodos con trastornos del sueño, euforia e insomnio lo que más tarde desembocaría en un trastorno límite de la personalidad. En 1954, tras el bachillerato, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Permaneció como estudiante de la Facultad hasta 1957, tomando cursos de literatura, periodismo y filosofía, pero no acabó sus estudios. Paralelamente tomó clases de pintura. Fue lectora profunda de muchos y grandes autores durante su corta vida, intentó ahondar en los temas y aprender de lo que otros habían escrito. Así se motivó tempranamente por la literatura y por el inconsciente, lo que a su vez hizo que se interesara por el psicoanálisis. Para contrarrestar los efectos de las anfetaminas, consumía con frecuencia fármacos para dormir. A los 36 años se quitó la vida ingiriendo 50 pastillas de el barbitúrico Seconal, durante un fin de semana en el que había salido con permiso del hospital psiquiátrico "Pirovano" de Buenos Aires, donde se hallaba internada a consecuencia de su cuadro depresivo y tras dos intentos de suicidio. Falleció el 25 de septiembre de 1972. Faltó tiempo para la gran empresa literaria. Alejandra decía que tenía que escribir una novela y que tendría que aprender una nueva gramática para llegar a ese fin que rondaba por su cabeza. Hoy, tiene un monumento en la calle Güemes en Avellaneda.

Obras:
 Dejó como legado una vasta obra, a pesar de su corta vida un extenso poemario, así como muchos escritos y relatos cortos surrealistas, y alguna novela breve. Entre los principales se cuentan:
 • La tierra más ajena, 1955.
 • La última inocencia, 1956.
• Las aventuras perdidas, 1958.
• Extracción de la piedra de locura, 1968.
• Nombres y figuras, 1969.
• El infierno musical, 1971.
• La condesa sangrienta, 1971.
• El deseo de la palabra, 1975.
• Prosa poética, 1987.
• Poesía completa 1955-1972, 2000.
• Prosa completa, 2002. 

Poemas no recogidos en libros:
• Exilio • Otros poemas • Árbol de Diana • Los trabajos y las noches


Una de sus reflexiones:
Es muda la muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio. Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris

 CUARTO SOLO
Si te atreves a sorprender
la verdad de esta vieja pared;
y sus fisuras, desgarraduras,
formando rostros, esfinges,
manos, clepsidras, seguramente vendrá
una presencia para tu sed,
 probablemente partirá
esta ausencia que te bebe.